jueves, 12 de marzo de 2015

LA EXPERIENCIA DE RUMANIA

La Revolución rumana de 1989 se refiere a una serie de conflictos y enfrentamientos en los últimos días de diciembre de 1989. La conclusión de este episodio de la historia de Rumania supuso el final del régimen estalinista de Nicolae Ceaușescu. Los actos violentos que ocurrieron en varias localidades rumanas durante aquellos días condujeron al dictador al abandono del poder y su huida de Bucarest, en compañía de su esposa, Elena Ceaușescu. Capturados en Târgovişte, fueron enjuiciados por un tribunal militar creado ex profeso bajo los cargos de genocidio, daños a la economía nacional y abuso del poder para ejecutar acciones militares contra el pueblo rumano. Hallados culpables de todos los cargos, fueron ejecutados el 25 de diciembre de 1989. Rumania fue el único país del bloque del Este donde la transición desde el Estado socialista a uno de mercado implicó la ejecución de los líderes del país.

El número total de muertos debidos a la Revolución Rumana fue de 1104, de los que 162 decesos ocurrieron en las protestas que pusieron punto final al régimen de Nicolae Ceaușescu (protestas ocurridas del 16 al 22 de diciembre de 1989) y las restantes 942 en los disturbios ocurridos antes de la toma del poder por parte de una nueva estructura política, llamada Frente de Salvación Nacional (FSN). La mayoría de las muertes ocurrieron en ciudades como Timişoara, Bucarest, Sibiu y Arad, donde las protestas alcanzaron magnitudes mayores. El número de heridos llegó a 3352, de los que 1107 corresponden al período en que Ceauşescu aún detentaba el poder, y los restantes 2245 corresponden al período posterior a la toma del poder por parte del Frente de Salvación Nacional 


Manifestantes abuchean a Nicolae Ceaușescu durante su discurso de la mañana del 21 de diciembre de 1989, que emitió desde uno de los balcones del edificio del Partido Comunista Rumano

EXPERIENCIA EN CHECOSLOVAQUIA

Para el inicio del descontento popular en Checoslovaquia hay que remontarse al año 1977, fecha en que un grupo de intelectuales, siguiendo la línea del espíritu de la Primavera de Praga, publicaban un manifiesto denominado “Carta 77”, en el que expresaban su disidencia con el régimen establecido.
En 1989, el tiempo de cambios en Europa, las masas de Checoslovaquia sabían sobre la radical transformación del socialismo soviético mediante la perestroika y tuvieron noticias de las caídas de regímenes en países cercanos como Polonia y la RDA a través de la radio extranjera (como Radio Free Europe), pero advertían que la élite política de su país rehusaba aplicar cambios en el mismo sentido. El 17 de noviembre de 1989 en Praga la policía atacó a miles de estudiantes que protestaban contra el régimen comunista. Este suceso provocó el inicio de las manifestaciones masivas. Se creó el Foro Cívico dirigido por el dramaturgo Václav Havel, y dentro del Partido Comunista de Checoslovaquia (PCC) se evidenciaban luchas de poder entre sectores inmovilistas como Gustáv Husák y reformistas como Ladislav Adamec, como consecuencia se crea un clima tenso.
Tras la huelga general del 27 de noviembre de 1989 y la falta del apoyo del aliado soviético, el Partido Comunista de Checoslovaquia abandonó el poder. El hasta entonces valedor de la ortodoxia comunista, Gustáv Husák, dimitía el 10 de diciembre como Presidente de la República. Los acontecimientos se precipitaron y antes de finalizar el año 1989 Václav Havel accedió a la jefatura del Estado y el reformista Alexander Dubček a la presidencia del Parlamento. En junio de 1990 se celebraron elecciones democráticas de las que saldrían vencedores el Foro Cívico y el Foro Público Contra la Violencia, variante eslovaca del primero.
La evolución política y las escisiones posteriores de estos partidos se iban a plasmar durante los años 1991 y 1992, así como un poderoso movimiento nacionalista secesionista que se traduciría en la independencia entre la República Checa y Eslovaquia en el año 1993. Václav Havel se convertiría en el primer presidente de la República Checa y Václav Klaus en primer ministro, mientras que en Eslovaquia sería Vladimir Meciar el nuevo jefe de Estado. En 2004 ambos países ingresaron de forma conjunta en la Unión Europea y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).



Manifestantes checos en Praga ante el monumento a San Wenceslao, noviembre 1989

LA EXPERIENCIA DE BULGARIA

Bulgaria también se vio afectada por los acontecimientos del resto de Europa del Este. El 9 de noviembre de 1989, el día en que se produjo la apertura del Muro de Berlín, el Politburó comunista de Bulgaria destituyó a Todor Zhikov, que había sido líder del Partido desde 1961. En su lugar quedó Mladenov, con mayor propensión a llevar a cabo las reformas, no obstante, después de un año el comunismo también era vencido en las urnas.

                                                         

  

SINDICATO SOLIDARIDAD EN POLONIA

SOLIDARIDAD es una federación sindical polaca autónoma e independiente, fundada en septiembre del año 1980 y dirigida por Lech Wałęsa. De raíces cristianas, nació de las luchas obreras y campesinas por la libertad sindical, entendiendo ésta como el poder constituir organizaciones independientes al Partido Obrero Unificado Polaco, que gobernaba el país, y en contra del gobierno de la República Popular de Polonia.1
Esta organización, que acabó convirtiéndose en partido político y su líder, Lech Wałęsa, llegó a la presidencia del gobierno polaco, fue apoyada por los gobiernos conservadores de Estados Unidos (bajo la presidencia de Ronald Reagan) y Gran Bretaña (bajo la presidencia de Margaret Thatcher). La iglesia católica participó activamente en la organización del sindicato en la línea política y social que el mismo defendía; el polaco Karol Wojtyla, conocido como el papa Juan Pablo II desde 1978, tuvo un papel relevante en esos hechos.
La historia de SOLIDARIDAD, como sindicato no gubernamental polaco, comienza en agosto de 1980 en los astilleros de Gdańsk, donde Lech Wałęsa junto a otros obreros fundaron el sindicato clandestino Solidaridad cuya principal demanda era la constitución de sindicatos autónomos del partido y del gobierno (como existían desde mucho atrás en Yugoslavia e intentaron hacer en 1968 en Checoslovaquia, durante la Primavera de Praga). A principios de los años 1980, Solidaridad se convirtió en el primer sindicato independiente en un país del bloque soviético y dio lugar a un movimiento social anticomunista y no violento, que en su mayor auge unió a aproximadamente a 10 millones de miembros y contribuyó enormemente a la caída del comunismo en Europa del este.
El sindicato SOLIDARIDAD se caracterizó por la gran militancia obrera católica y por su tenaz lucha contra el gobierno comunista. La Iglesia católica, encabezada por el papa Juan Pablo II, comprendió a su vez las posibilidades que se abrían para acabar con el gobierno.

Convocado su primer congreso, con tolerancia gubernamental, en que dominaría la agenda sindical el sector pro-católico. Se paralizaron todas las cuencas mineras y se encerraron sus principales dirigentes en las minas de carbón, con miras a llamar la atención sobre el congreso. Antes del fin de 1981 Solidaridad tenía nueve millones de miembros.
El 2 de julio de 1980 el gobierno polaco anunció aumentos masivos de los precios de los productos alimentarios, lo cual provocó un estallido de huelgas. La de los ferroviarios de Lublin, estratégico nudo ferroviario en la ruta a la Unión Soviética, preocupaba especialmente a Breznev que convoca a Gierek interrumpiendo sus vacaciones en Crimea exigiéndole soluciones. El Ministro de Defensa Wojciech Jaruzelski no considera conveniente el empleo del ejército y aconseja dejar pasar el tiempo
El 13 de diciembre de 1981, el Presidente del gobierno, el Mariscal Wojciech Jaruzelski declaró la ley marcial y encarceló a la mayoría de los dirigentes de Solidaridad, que fue prohibido de nuevo el 8 de octubre de 1982.
Levantada formalmente en julio de 1983. Solidaridad persistió solamente como organización clandestina. A finales de los años 80, Solidaridad era suficientemente fuerte para frustrar las tentativas reformistas de Jaruzelski: las huelgas a nivel nacional en 1988 forzaron al Gobierno a negociar con Solidaridad, que dejó de presentarse como sindicato para hacer públicas sus pretensiones como partido político, especialmente de elecciones libres. En un exceso de confianza, estimulado por Gorbachov, que pretendía experimentar con las posibilidades, el gobierno cedió, perdiendo las elecciones.
Lech Wałęsa estuvo un mandato en el gobierno. Aún existe un sindicato que se continúa denominando Solidaridad, que cuenta en la actualidad con 1,5 millones de afiliados

                                                   
                                                      LECH WALESA EN UN DESFILE 
                                                      DEL SINDICATO SOLIDARIDAD
                                                           

miércoles, 11 de marzo de 2015

NUEVO ORDEN MUNDIAL

Dos hechos emblemáticos marcaron el término de la “guerra fría en el año 1989: la caída del muro de Berlín y el desplome de la Unión Soviética. Fueron dos acontecimientos inesperados y espectaculares. El  muro de Berlín no era solamente una enorme pared de concreto levantada en 1961 por el gobierno marxista de la República Democrática Alemana, que partía en dos a una ciudad y que encerraba a diecisiete millones de alemanes, sino también el símbolo de la intransigente hostilidad entre dos sistemas filosófico-políticos. Y el colapso de la Unión Soviética, acompañado de la desintegración del bloque de países marxistas alineados bajo su poder, fue la caída de uno de los grandes imperios que ha conocido la historia.
Estos hechos, que ocurrieron en un lapso extremadamente corto, dieron a luz un nuevo orden político y económico internacional dominado por la superpotencia triunfadora de la guerra fría. La bipolaridad dio paso a la unipolaridad. Se produjeron importantes logros en el campo del desarme nuclear de alcance medio y corto. Terminó la confrontación armada. De las dos grandes alianzas militares contendientes, la una fue desmantelada y la otra hizo una conversión fundamental. Disuelto el Pacto de Varsovia, sus miembros recobraron su plena independencia. La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en cambio, hizo un gran viraje. Y ocurrió lo impensable: la alianza atlántica abrió sus puertas para el ingreso de los países que habían formado parte de la alianza enemiga.

Hubo otro hecho importante en el curso de la terminación de la guerra fría: fue la masacre de Tiananmen, con la que se cerró en China un proceso de protestas populares que estalló en Pekín el 15 de abril de 1989. Fueron grandes manifestaciones callejeras —lideradas por estudiantes universitarios y trabajadores— que gritaron a favor de la libertad de expresión y de la implantación de un gobierno democrático en la República Popular de China. Ellas se prolongaron por varias semanas y tuvieron resonancias en numerosas ciudades chinas —incluidas Shanghai, Urumqi y Chongqin—, por cuyas calles y plazas marcharon centenares de miles de manifestantes disconformes con el régimen autoritario impuesto por el Partido Comunista.
EL MUNDO UNIPOLAR.     Con la disipación del conflicto Este-Oeste se puso evidencia la contradicción norte-sur, que va camino de agudizarse bajo el esquema unipolar de poder mundial. Con la desaparición de la amenaza “comunista” la potencia dominante carece hoy de los estímulos que ayer le indujeron a “ayudar” a los países del tercer mundo para que no cayeran en las garras de Moscú. Esto es muy grave. Y, en general, es también inconveniente para el planeta la presencia de una sola superpotencia dominante, que carece de un balance internacional de poder.
El mundo unipolar trajo una primera consecuencia de dimensión planetaria: la poderosa onda expansiva del neoliberalismo, con su Estado desertor, la derechización política de las cúpulas dirigentes, la globalización de las economías, la privatización indiscriminada de los bienes y activos públicos, la llamada “desregulación”, el sometimiento de la economía a las fuerzas del mercado y otras propuestas de esta índole. Con ellas advino una suerte de darwinismo económico que proclama la supervivencia del más apto en muchos lugares del planeta. Han renacido políticas de proteccionismo comercial en los países industriales con graves quebrantos para el mundo subdesarrollado. La agudizada dinámica de la acumulación del poder y de la riqueza causa estragos a la población pobre del planeta y las teorías económicas del “derrame” o del “goteo” en beneficio de los sectores desafortunados no han funcionado, como creían los ilusos o los interesados, ni pueden funcionar. La depresión económica tiene efectos sociales devastadores. La violencia sigue su curso. Se impone la ley del más fuerte. En fin, van en proceso de desvanecimiento las ilusiones que alentó la humanidad a partir de la conclusión de la guerra fría y dan ganas de gritar, al estilo de Madame Roland: ¡muro de Berlín, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!
En la era digital el imperialismo es, en última instancia, el dominio de la ciencia y la tecnología. Se equivocan quienes piensan que el imperialismo es sólo fuerza física. Esa es una percepción reductora. El imperialismo es, sobre todo, manejo de la ciencia y la tecnología con fines de dominación internacional.

CREACIÒN DE LA COMUNIDAD DE ESTADOS INDEPENDIENTES (CEI)

La Comunidad de Estados Independientes (CEI) es una organización supranacional compuesta por 10 de las 15 exrepúblicas soviéticas. Su creación firmó la disolución de la Unión Soviética y, según Vladímir Putin, su propósito fue el permitir un "divorcio civilizado" entre las repúblicas que conformaban la URSS. Desde la creación de la CEI se han firmado numerosos acuerdos acerca de cooperación económica, defensa y relaciones internacionales y seguridad colectiva entre sus Estados-miembro. Del seno de esta comunidad surgió la alianza político-militar llamada Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva